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madonna

Esto es muy fuerte, muy fuerte, muy fuerte. No tengo muy claro si será síndrome de Peter Pan o qué pero vamos lo de Madonna ya no tiene ni nombre. Os cuento el porqué porque tiene mucha tela. Así, vestida de colegiala, y fijo que mangándole el modelito a su hija Lourdes María ha salido la cantante a la calle para celebrar, en uno de los centro de la Kabbalah de Nueva York, la fiesta del Purim donde los seguidores se disfrazan para conmemorar batallitas y demás historias propias de esta rama del judaísmo. Ya sé que es un disfraz, pero anda que no podía haber elegido algo que no diese tanto el cante.

Parece que Madonna quiere ganar como sea la batalla a la edad como sea, y si eso significa ponerse minifalda de tablas, peluca negra y una falta total de sentido del ridículo, pues suficiente. Si es que claro, desde que se ha echado un novio veinteañero hay que hacer lo que sea para que no se note tanto que le doblas la edad…, qué mala es la crisis de los cincuenta, madre mía.

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Por cierto, Jesús Luz, el afortunado pecho en el que descansa ahora la Reina del Pop también estuvo en la fiesta (sí, ya se lo ha llevado a su terreno), llegó de la mano de Jessica Seinfield. Sin embargo, el chaval decidió ir de Joker, un tanto cutre, todo sea dicho, pero es que claro si va a juego con su chica y se pone el uniforme del colegio probablemente le pedirían el carnet para entrar en cualquier sitio.

En serio que esto es para escribir un libro. No me extraña que luego hubiese porahí habladurías de que Madonna sentía celos de su hija, será porque definitivamente le queda mejor la ropa que a ella. Hay que aprender a envejecer con más dignidad, que la madurez también tiene su encanto.

Vía | The Sun

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