
Britney Spears es una muñeca rota, una muñeca chochona; pero rota de igual manera. Si Stevenson viviera en nuestros días seguramente titularía su novela más famosa más o menos así: “El extraño caso de la Popstar Britney y Miss Spears”, además del sexo y la época, deberíamos cambiar el extraño brevaje que tomaba el Doctor Jeckill por la metanfetamina de la que abusó nuestra protagonista, y las visitas a los lupanares londinenses, por farras interminables con Paris Hilton, claro.
Y es que la realidad supera a la ficción. La bipolaridad de la antes virginal cantante ha provocado momentos hilarantes a veces y situaciones terribles otras. Después del salto he hecho una modesta recopilación de esos momentos que han pasado ya a la historia de la insubstancialidad mediática. Lo difícil no ha sido recopilarlos, lo difícil ha sido decidir cuales desechaba siendo tantos los momentos malos a destacar.







