
Humildes mortales y poproseros del mundo, es definitivo, quiero ser Paris Hilton, o mejor dicho quiero tener la pasta de Paris Hilton, que lo demás no me interesa. Ale ya lo he dicho, para qué vamos a darle más vueltas si es que la más pura realidad y más después de estas imágenes.
Y es que eso es viajar en avión y lo demás son tonterías, no me digáis que no. Mientras nosotros, los hombres mundanos de a pie nos tenemos que conformar con la clase turista donde siempre hay un bebé que llora, alguien que te acaba durmiendo en el hombro roncando como una morsa de parto, alguien que te pisa novecientas veces cada vez que va al baño, un lugar donde te ponen el aire a condicionado a menos seis grados hasta que consiguen que los mocos se te hagan escarcha, es imposible pegar ojo, las piernas se te hinchan como si de morcillas de Burgos se tratase y la comida no se la comería ni un tigre famélico, Paris Hilton no sufre nada de esto, porque ella tiene un jet privado y encima la jodida de ella nos lo enseña y restriega por los morros a través de Twitter.






