
Cada vez estoy más convencido de que las estrategias amorosas de Paris Hilton deberían publicarse y seguro que más de la mitad de la población encontraba solución a sus problemas (no estoy hablando de amor, estoy hablando de solucionar problemas) porque si hay alguien que todavía piensa que la rubia no tiene dos dedos de frente, es porque no ha seguido de cerca las andanzas amorosas de Paris Hilton. Son dignas de las lobas que aparecían en los documentales de naturaleza.
Estuvo con el jugador de béisbol Doug Reinhardt, con el que cortó hace poco y su relación les sirvió a ambos de mucho, pues Paris Hilton tuvo lo suyo con Doug, que el chico no estaba nada mal, y Doug por su parte consiguió publicidad gratuita e imagino que eso le reportaría algo de dinero para la saca además de un año más o menos asegurado de entrevistas y declaraciones para unos cuantos medios.
Y Paris Hilton, ahora que ya no quiere saber nada de él, se ha buscado otra flor sobre la que posarse. Y esta que ha encontrado no es una flor, es todo un campo de rosas, oiga usted.





