Tamara Falcó en misa y Onieva en los bares: Íñigo cae en la tentación antes de la boda

Íñigo Onieva y Tamara Falcó - Gtres
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Las diferencias entre Íñigo y Tamara son más que evidentes. Por mucho que se empeñen en buscar el camino hacia el matrimonio, lo cierto es que sus formas de vida no tienen nada que ver. A la marquesa le gusta la misa, el rezo, la oración continuada. Con sus amigas hace maratones religiosos, visita conventos y hasta llegó vestirse de cenobita en alguna ocasión.

Es una mujer entregada a Dios, a la fe sin medida. Dedica horas a la contemplación más pura y personal, sin embargo, su chorbo lo único que contempla son los chupitos que pasan por delante de sus ojos en cada juerga. Onieva no lo puede evitar. Es un vividor, un soñador, un truhán.

A Íñigo le gusta el vino, las mujeres y cualquier lugar en el que corran las copas. Y sí, lo cierto es que logró controlarse durante unos meses tras recuperar a su chica, pero mala hierba nunca muere. Al muchacho le pica el gusanillo, tiene ganas de cachondeo y así lo ha demostrado este fin de semana.

Onieva ha puesto rumbo a San Sebastián con un grupo de colegas. Allí se pusieron de pinchos, sidra y cañitas hasta las cejas. Visitaron las tabernas más castizas del lugar y, con toda probabilidad, acabaron medio piripis en cualquier local de mala muerte. Para rematar el finde, tal y como publica Informalia, comieron en el restaurante Mugaritz, con dos estrellas michelín.

Tamara Falcó, en Fátima con sus amigas - Instagram
Tamara Falcó, en Fátima con sus amigas - Instagram

Y mientras Íñigo se ponía ciego en Donosti, Tamara dedicaba su tiempo a la oración. Junto a un grupo de amigas, entre las que se encontraba Ana Boyer, visitó el santuario de Fátima. A juzgar por los publicado en redes, está claro que la marquesa se lo paso pipa. A pesar de que fue en silla de ruedas debido a su esguince, disfrutó rezando para que su torcedura curase lo antes posible.

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