Mario Vargas Llosa, retratado: así se puso cuando Isabel Preysler llegó a casa a la 1 de la madrugada

Mario Vargas Llosa, retratado: así se puso cuando Isabel Preysler llegó a casa a la 1 de la madrugada
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Parece que Isabel no mentía. Ella misma apuntó en la revista del saludo que los celos eran el motivo principal de su ruptura con Mario, pero otra versión  salió a la luz poco después. Al parecer, ella querría casarse con el escritor y este siempre denegaba la oferta. En este momento, la primera teoría coge fuerza y todo apunta a que el escritor sufre ataques de celos tan ridículos como infantiles.

Si las palabras de Isabel son ciertas, Vargas Llosa ha quedado retratado como un auténtico chimpancé. Con todo el respeto a los chimpancés, por supuesto. A juzgar por las últimas declaraciones de la reina del papel couché, queda claro que Mario sufría la maldición de los celos, y a ella no le quedó más remedio que mandarlo a freír churros.

Paloma García Paleyo, habitual en 'El Programa de Ana Rosa', ha relatado el capítulo que marcó el final definitivo en la relación. La noche del 29 de noviembre, la madre de Tamara regresó a Villa Meona a la 1 menos cuarto de la madrugada. Había acudido a un evento como reclamo publicitario, y cuando abrió la puerta de su mansión con ganas de quitarse por fin los tacones, se topó con Mario y su enorme cabreo.

Mario Vargas Llosa desmiente la versión de Isabel Preysler - Gtres
Mario Vargas Llosa desmiente la versión de Isabel Preysler - Gtres

"Cuando ocurre todo es a la vuelta de esa fiesta. Mario está esperándola en casa y él dice que 'cómo llega tan tarde, que horas son estas'. Eran las una menos cuarto de la mañana. De testigo Ana Boyer Preysler. A partir de ahí todo se sucede", relata la mencionada periodista.

En aquel momento, Isabel invita a su novio a abandonar su casa, y además, le escribe una carta que marcaría el final: "En una carta le dice todo lo que siente y que no aguanta una más... Isabel en esa carta le dice que le prohíbe volver a su casa de Puerta de Hierro".

Pero ojo, porque al parecer, aquella actitud del Premio Nobel se habría repetido en innumerables ocasiones: "Los celos no son de una noche ni de un día. Es una actitud prolongada en el tiempo. Esa noche fue el detonante".

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