
El segundo nombre de Dita von Teese tiene que ser provocación. Estoy seguro que sus padre de haberlo sabido le hubiese puesto Provocación Von Teese, porque es lo último que le falta para ser del todo la modelo mundial por excelencia caracterizada como pin-up erótica. Le gusta desvestirse, le gusta desnudarse, le gusta crear polémica y además le sale de lujo. Lo que no sabemos es si fue primero el huevo o la gallina; es decir, que si esto lo aprendió ella cuanto empezó a salir con Marilyn Manson o fue ella quien le enseñó a ser más excéntrico. Opino que es innato: los dos nacieron siendo lo que son.
Y no solo se le da bien, sino que además le pagan porque se le de bien. Es la simbiosis perfecta: ella hace lo que más quiere, se gana a pulso el título de la rebelde erótica y las firmas se desviven para que se quite su corsé delante de sus objetivos mientras a ella le llueven los dólares (o los euros, según la tarifa). Ya vimos como hasta Alemania se rendía a sus encantos para Eurovisión, así que después de eso, no nos queda nada por lo que asombrarnos.
¿O sí?






