
Sé que no me vais a creer cuando os lo diga pero os juro que la nominación de este chico como el hombre del año me la llevaba oliendo desde hace un buen tiempo, porque la revista GQ es un poco cantoso con sus hijos predilectos y, al igual que Scarlett Johansson en su niña mimada, James Franco con su porte, su naturalidad, esa cara de no haber roto un plato y a la vez de como te pille no te dejo respirar y sobre todo su gran participación e implicación en labores sociales, humanitarias y sus pinitos como director de cortometrajes, le han hecho ganarse un título que sin duda alguna le viene al pelo. Igual podría haber habido más gente que optase a él (Drake, Jeff Bridges o Stephen Colbert) pero desde luego que si se lo ha llevado, es porque se lo merecía.
Eso sí, la foto de portada se la podían haber currado un poco más, porque entre la cara que tiene de tener una mierda justo debajo de la nariz (creo que intentaron que fuera un gesto de superioridad pero les salió rana) y que sólo se le ve cuello, cuello y más cuello, el chaval no merece nada así a primera vista. Luego es cierto que cuando abrimos la revista y vemos que es lo que se esconde entre su páginas, respiramos aliviados y mascullamos por lo bajo: ahora sí, James Franco, ahora sí...













