
Algo me olía yo de todo esto… algo me olía. Y no es que sea vidente, para nada, pero después de leer que Marta Sánchez no estaba pasando por un buen momento en su matrimonio, no me resultó nada raro verla hace una semana paseando con unas amigas y en ausencia de su marido por la plaza de Jamaa el Fna, en Marrakech, intentando regatear para comprar un tarrito de rosa mosqueta y con una cara de perro muerto que no es la que acostumbra a tener en sus últimos videoclips y presentanciones.
Ocho añitos lleva casada con Jesús Cabanas y parece que la cosa no va a terminar todo lo bien que podríamos desear, porque después de decidir que este verano cada uno lo pasaba por su cuenta y separados, las revistas no han dejado de gritar, a bombo y platillo, que la separación de la pareja es más que inminente y toca su fin. Todo lo bueno se acaba y a Marta le ha llegado la hora.













